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Buscar la vida, buscar a Dios…

Iba a cumplir 20 años dentro de poco, con la vida por delante llena de posibilidades, una chica guapísima, sensible, entregada al Señor…, pero no llegó: una cruel enfermedad se apoderó de su cuerpo y acabó con su vida después de una pesadilla de 5 meses, con más de 100 médicos a su servicio y centenares de personas orando. Hasta el final, ella misma, su familia y su novio pidieron un milagro a Dios para que la sanara, y tenían la fe que ÉL lo podía hacer, pero no sucedió. Llegó el trágico momento que se tuvieron que despedir y dejarla ir a los brazos de Jesús, sabiendo que ÉL la estaba esperando al otro lado del umbral de la muerte. Les rompió el corazón a los suyos observar impotentes el declive, después de tanta lucha y las ganas y esperanzas que había tenido de superar la enfermedad y poder vivir… Se murió en paz y sin dolor, pero deja un vacío que nadie podrá llenar, y deja preguntas que no tendrán respuesta.

Larry Crabb, autor y conferenciante conocido, fue impactado hace años de manera similar por la trágica muerte de su hermano. Uno de sus mejores libros ha sido inspirado por esta experiencia y las reflexiones que resultaron de ella sobre lo que esperamos de Dios y de la vida, y sobre nuestra manera de enfrentarnos a las decepciones y dolencias que  nos sobrevienen. También sobre nuestro anhelo de Dios y el camino a conocerle – como no le hemos conocido nunca.

Dios permitió que este libro pudiera ser traducido y publicado en España, se llama “ENCONTRANDO A DIOS EN MEDIO DE NUESTROS PROBLEMAS”. Lo podéis ver en https://www.clie.es/encontrando-a-dios-en-medio-de-nuestros-problemas y comprar en una librería evangélica.

Os adjunto también un poema en homenaje a la chica de la que os hablé al principio, que era hija de buenos amigos nuestros – que aunque viven al otro lado del océano desde hace 15 años, se habían quedado en nuestros corazones.

Que Dios os bendiga,

Sigrid Py

Emilee

1 comentario

  1. felipe

    Realmente conmovedor y una de las experiencias de la vida más dolorosas en las cuales solo la fe y la esperanza en Cristo puede hacerlas llevaderas.

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