«

»

Paradojas de Dios…

Mc.1:8-13

Ha llegado el gran momento: Después de 30 años de humilde y paciente preparación, compartiendo la vida diaria de su familia y compatriotas, Jesús está a punto de comenzar su ministerio público – con un impacto que nadie se puede imaginar todavía. “¡…él os bautizará con Espíritu Santo!”, había anunciado Juan Bautista.

Allí está ahora, ante los ojos de su precursor y de los que han seguido su llamado: llega y baja primero él mismo a las aguas del bautismo, en plena identificación con los que ha venido a salvar. ¡Primera sorpresa! – Sigue la unción divina y clara confirmación de parte de Dios Padre, con palabras entrañables de amor y agrado. Parece todo encaminado hacia un poderoso comienzo de ministerio, plenamente capacitado y bajo la bendición incondicional de Dios.

Pero de pronto cambia el escenario, las grandes expectativas dejan lugar a un episodio inesperado de lucha y tinieblas: el Espíritu Santo lleva a Jesús al desierto, ¡¡para ser tentado por el mismísimo diablo durante nada menos que 40 días!! Entre fieras, hambre y sed…

Paradojas de DIOS, que se escapan de nuestro entendimiento:

  • El Salvador del mundo, nacido en un pesebre, en una familia modesta, 30 años viviendo en la sombra esperando su hora.
  • Él que era sin pecado, tomando el lugar de los que necesitan arrepentirse y ser purificados.
  • Dios Padre, que ama y aprueba a su Hijo delante de todos, le envía a los brazos de Satanás.
  • El Hijo ungido de Dios, solo, afligido, atacado, necesitado (y seguramente exhausto), en un desierto.

Pero con todo, ¡¡Dios está en control!! No permite que ninguna prueba supere nuestra capacidad de aguante, Él da una salida a tiempo para que podamos resistir (1 Co.10:13). Envía ángeles para sostener a su Hijo amado en estos momentos difíciles… ¡Y usa precisamente la prueba para cumplir su plan y propósito divino!

En la vida de los hijos y las hijas de Dios pasan a veces cosas difíciles y dolorosas que no entendemos, que nos desconciertan, que parecen contradecir el amor y cuidado del Padre celestial, burlarse de la vocación de sus elegidos… ¿Por qué Dios las permite? ¿Cuál es su propósito? ¿Por qué le deja tanto poder al diablo? Preguntas sin respuesta inmediata que afligen el alma, además del sufrimiento de la prueba en cuestión. Queda aferrarnos a las promesas de Dios, que son Sí y Amén, y humildemente esperar en su socorro oportuno, confiar en su sostén que nunca falla y seguir creyendo en su amor eterno, del que nada ni nadie nos puede separar (Ro.8:35-39). Y consolarnos sabiendo que Jesús pasó por valles oscuros él también y nos puede entender:

“Porque no tenemos un gran sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.” (Heb.4:15-16, NVI)

Sigrid Py

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes utilizar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>